Con motivo de la política de agresión de Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela, desde LEFÖ condenamos la intervención militar histórica y actual de Estados Unidos en territorio venezolano.
Muchos de los objetivos de esta agresión pueden atribuirse a la administración Trump 2.0, ya sea la apropiación del petróleo y de los recursos naturales de Venezuela, la política simbólica de poder y espectáculo de la administración estadounidense, especialmente frente a otras potencias regionales como Brasil, Colombia y México, o la imposición de áreas de influencia regional. Sin embargo, es importante tener presente que Venezuela es el país con las mayores reservas probadas de petróleo y gas del mundo.
Estas estrategias de desestabilización y ataques militares de Estados Unidos, contrarios al derecho internacional, vulneran los principios de autodeterminación y soberanía de Venezuela. Contribuyen a la precarización de las condiciones de vida, así como a la pérdida de soberanía y de control sobre los propios recursos naturales.
Este tipo de intervenciones no son algo nuevo en la región; aun así, merecen nuestro claro rechazo. Es fundamental recordar que la historia de América Latina demuestra claramente que las intervenciones militares externas rara vez conducen a una estabilidad democrática, sino que con frecuencia generan nuevas formas de violencia, dependencia y sufrimiento, afectando especialmente a las mujeres* y a otros grupos marginados.
A partir de nuestra experiencia de asesoramiento con mujeres* provenientes de Venezuela, sabemos que en este país se han cometido crímenes contra la población civil. También sabemos que la sociedad venezolana vive (o ha vivido) bajo un régimen autoritario que ha respondido de manera represiva frente a las críticas sobre su legitimidad democrática. Sin embargo, las intervenciones imperialistas deben ser rechazadas de manera inequívoca.
La pérdida de estructuras democráticas dentro de un Estado no constituye una justificación conforme al derecho internacional para una intervención militar, para la apropiación o el control de recursos naturales, ni para la instalación de autoridades estatales comprometidas principalmente con intereses extranjeros.
Un proceder de este tipo contradice los principios fundamentales del derecho internacional. No apoyamos un orden mundial que oprime a los pueblos para enriquecerse, dejando a su paso pobreza, catástrofes climáticas y muerte.
Además, resulta especialmente amarga e irónica la situación cuando un Estado que se presenta internacionalmente como defensor de principios liberales de orden y como promotor de la democracia, al mismo tiempo invade militarmente otros Estados, ejerce funciones estatales en ellos o asegura el acceso a recursos naturales ignorando las normas del derecho internacional.
¡Estados Unidos fuera de América Latina! ¡No al silencio frente a la violencia contra nuestros pueblos!